Al punto se extiende el rumor por las grandes ciudades de Libia, el rumor, un mal como no hay otro más que él; crece con el movimiento y cobra fuerzas al caminar; minúsculo, al principio, por el miedo; luego, se eleva al aire, y anda por el suelo y esconde la cabeza entre las nubes.
La madre Tierra, enojada y airada con los dioses, lo engendró el último, según dicen, siendo hermano de Coeo y Encélado, veloz de pies y de rápidas alas, monstruo espantable, descomunal, que posee tantos ojos vigilantes debajo de cuantas plumas tiene en el cuerpo (cosa que causa espanto decirla), a la que le suenan otras tantas lenguas y otras tantas bocas, y que debajo pone tiesas otras tantas orejas.
Vuela de noche a la sombra entre el cielo y la tierra, cuchicheando, y no cierra sus ojos al dulce sueño. De día está sentado como un guardián, o en el cumbrero, encima de una casa, o en las altas torres, y aterroriza a las grandes ciudades, tan tenaz con lo falso y maligno, como mensajero de la verdad.
La madre Tierra, enojada y airada con los dioses, lo engendró el último, según dicen, siendo hermano de Coeo y Encélado, veloz de pies y de rápidas alas, monstruo espantable, descomunal, que posee tantos ojos vigilantes debajo de cuantas plumas tiene en el cuerpo (cosa que causa espanto decirla), a la que le suenan otras tantas lenguas y otras tantas bocas, y que debajo pone tiesas otras tantas orejas.
Vuela de noche a la sombra entre el cielo y la tierra, cuchicheando, y no cierra sus ojos al dulce sueño. De día está sentado como un guardián, o en el cumbrero, encima de una casa, o en las altas torres, y aterroriza a las grandes ciudades, tan tenaz con lo falso y maligno, como mensajero de la verdad.
Virgilio.
La Eneida, Libro IV
Traducción de Bartolomé Segura Ramos
La Eneida, Libro IV
Traducción de Bartolomé Segura Ramos



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